Cuando una ficción nos ayuda a diseñar futuros

Señal, tendencia o humo #02

¿Y si al comprar un coche entregaras una muestra de saliva y, 48 horas después, recibieras un vehículo diseñado específicamente para ti?

En 2018, Lexus y 23andMe presentaron Genetic Select, una supuesta forma de utilizar información genética para personalizar un vehículo: posavasos más grandes si tenías predisposición a consumir mucha cafeína, cristales adaptados a determinadas características, potencia según tu tendencia a buscar emociones fuertes, un olor personalizado para el coche… e incluso un sistema de arranque que reconocía tu ADN al lamer el volante. La propia Lexus publicó el proyecto como si fuese real. Pero había una pequeña pista: estaría disponible en los concesionarios el 1 de abril. Era una broma de April Fools’ Day.

Entonces, caso resuelto: HUMO 🙂

Pero eso no quiere decir que aquí acabe el asunto.

Lo interesante para mí empieza precisamente ahí. Porque quizá el producto sea falso, pero no necesariamente lo son todas las señales que contiene. La hiperpersonalización existe. Utilizamos datos para adaptar productos y servicios cada vez más a las personas. El análisis genético mediante muestras de saliva es real. Y nuestros vehículos ya incorporan perfiles, biometría, preferencias y sistemas que adaptan parte de la experiencia al conductor. Genetic Select mezcla elementos reales, exageraciones y cosas directamente absurdas hasta construir algo suficientemente creíble como para obligarnos a dudar.

Phil Balagtas utiliza precisamente este ejemplo en su ponencia Design Is [Speculative] Futures Design Thinking – a new toolkit for preemptive design (a partir aproximadamente del minuto 16:10) al hablar de Diseño de Futuros. Y ahí está una de las cosas que más me interesan de esta disciplina: no quedarnos únicamente en “imagina que dentro de unos años…” sino intentar hacer tangible ese futuro.

Lexus no escribió simplemente una frase diciendo “en el futuro los coches podrían personalizarse mediante nuestro ADN”. Creó un servicio, le puso nombre, construyó un anuncio y mostró cómo sería utilizarlo. Durante unos segundos puedes imaginarte viviendo en ese futuro.

Y eso te permite hacerte preguntas diferentes.

Por ejemplo, olvidemos el ADN. ¿Hasta dónde podríamos llevar realmente la personalización de un coche?

Los olores están muy ligados a nuestros recuerdos y emociones. ¿Y si al comprar un vehículo hiciéramos un pequeño test de aromas? Quizá la lavanda te recuerde a casa de tu abuela. Otro olor, a unas vacaciones. Otro, a naturaleza. El vehículo podría combinar aromas, iluminación y sonido para crear ambientes que te ayuden a relajarte, concentrarte o mantenerte despierto.

No estoy diciendo que esto vaya a ocurrir. Esto ya es especulación deliberada.

Pero precisamente ahí está el ejercicio. Partir de algo que hoy observamos, estirarlo, construir una posibilidad y preguntarnos qué implicaría que llegara a hacerse realidad.

A veces el humo contiene señales. Y a veces una ficción suficientemente bien construida puede ayudarnos a mirar el presente de otra manera y preguntarnos:

¿Qué tendría que cambiar para que algo que hoy nos hace reír dejara de parecernos absurdo?

Fuentes y referencias