Futuros al día #02
Cuando empecé a leer sobre futuros posibles, plausibles y probables hubo una palabra que me despistó especialmente: plausible.
Porque me sonaba a aplauso.
Y resulta que no iba tan desencaminado. La Real Academia Española recoge como primera acepción de plausible «digno o merecedor de aplauso». También lo define como algo admisible o creíble.

Pero en Diseño de Futuros significa otra cosa. Y entender esa diferencia me parece importante porque ayuda a quitarse de encima una de las mayores presiones cuando empezamos a trabajar con futuros: esto no se trata de acertar lo que va a pasar.
No existe un único futuro delante de nosotros

Una de las representaciones más conocidas en prospectiva es el cono de futuros.
La versión que utilizamos habitualmente está asociada al trabajo de Joseph Voros, que en 2003 desarrolló y popularizó esta clasificación a partir de trabajos anteriores de Trevor Hancock y Clement Bezold.
Phil Balagtas también lo utiliza en Making Futures Work para explicar una idea muy sencilla: en lugar de imaginar el futuro como una línea recta, podemos imaginar un espacio que se va abriendo conforme avanzamos en el tiempo.
Dentro de ese espacio podemos distinguir diferentes tipos de futuros.
Probables.
Los que, con lo que sabemos hoy y observando las tendencias actuales, consideramos más “normal” que ocurran. Es la zona más cercana a la continuidad. Si las cosas siguen aproximadamente por donde van, ¿qué esperamos encontrar? Éste es el futuro que también podríamos denominar continuista y por lo que vemos en muchos ejercicios suele construirse utilizando la mentalidad de “más de lo mismo”. Si hablamos de automatizar procesos, pues todos los procesos automatizados. Si pensamos en Agentes, pues pensamos en agentes y robots para todo. Si pensamos en educación con pantallas, pues pasamos a educación con IA y personalizada para cada niño.

Plausibles.
Quizá no sean lo que esperamos que suceda, pero podemos construir una explicación razonable de cómo podríamos llegar hasta allí. Son compatibles con nuestro conocimiento actual. Esta explicación es lo que en Futuros se denomina narrativa y el poder crear esta historia de cómo llegamos a ese futuro y cómo es ese futuro es clave para poder hacer que la gente se lo crea y opine al respecto.
Posibles.
Abrimos todavía más el cono. Son cosas que podrían llegar a ocurrir aunque hoy necesitemos cambios, descubrimientos o condiciones que todavía no existen.
Voros lo resume aproximadamente, como “likely to happen, could happen y might happen”.
Y cuanto más lejos miramos, más importante me parece abrir ese cono.Dentro de tres años pensamos distinto que dentro de quince.
Cuando estoy introduciendo el tema de Diseño o Pensamiento de Futuros, me preguntan una cosa que también sucede en talleres de Design Thinking. ¿Qué pasa si alguien en el taller no es creativo y no se abre a imaginar futuros menos probables? Son personas que podrías pensar que mejor no incluir de antemano en estos talleres, pero nada más lejos de la realidad.
Necesitamos crear futuros con una visión multidisciplinar y si va salir algún plan de acción para adaptarnos a ellos, mejor que sean acciones que se encuentren dudas en fases muy tempranas o que las personas que las planteen formen parte de la solución que se haya dado.
De todas formas, para animarlas durante los talleres a salirse del presente, hay algunos trucos.
Si pregunto ¿cómo será vuestra organización dentro de tres años?
Es bastante probable que muchas respuestas se parezcan al presente. Cambiarán algunas tecnologías, algunos procesos, quizá algunos puestos… pero nuestro cerebro tiene tendencia a proyectar lo que ya conoce. Están proyectando futuros probables.
Ahora cambiemos la pregunta:
¿Y dentro de quince años?
Entre hoy y entonces pueden pasar muchas cosas. Solo hay que mirar hacia atrás.
Internet cambió nuestra forma de acceder a la información. Los smartphones cambiaron nuestra forma de comunicarnos, comprar, trabajar o movernos. Una pandemia alteró en cuestión de semanas hábitos laborales y sociales que parecían muy estables.

No quiero decir con esto que necesariamente vaya a producirse otro acontecimiento equivalente durante los próximos diez años, pero negar que es muy probable que vivamos grandes cambios como sociedad en cortos periodos de tiempo sería hacer caso omiso a las macrotendencias que todos hemos vivido.
¿Es razonable diseñar un escenario a quince años suponiendo que nada suficientemente importante va a cambiar?
Probablemente tampoco. Por eso, cuando facilito este tipo de conversaciones, me parece interesante recordar algunos de esos hitos. No para anticipar cuál será el siguiente, sino para dar permiso al grupo para alejarse un poco del presente.
Volviendo a la clasificación de escenarios (probable, plausible, posible), esto también nos sirve para facilitar y desbloquear algunas conversaciones.
Aquí es donde el cono empieza a parecerme especialmente útil. Imaginemos que alguien propone un escenario bastante rompedor y otra persona responde:
—Eso no va a pasar.
Podríamos terminar discutiendo durante media hora sobre quién tiene razón.
Pero podemos hacer otra pregunta:
¿Consideramos que es posible?
Quizá la respuesta sea sí.
¿Plausible?
Aquí probablemente aparezcan más diferencias.
¿Probable?
Quizá prácticamente nadie lo crea.
Perfecto.
No hemos tenido que decidir si ese futuro es «verdadero» o «falso». Lo hemos situado dentro de un espacio compartido de conversación.
Y eso puede decirnos algo más.
Si un equipo considera prácticamente por unanimidad que un determinado futuro es probable, estamos descubriendo una imagen compartida sobre hacia dónde creen que se dirige el sistema.
Si las opiniones están completamente divididas, también hemos descubierto algo importante.
El cono no solo nos ayuda a hablar de los futuros. Nos ayuda a descubrir cómo pensamos sobre ellos.
¿Y si le ponemos un porcentaje?
Hay otro ejercicio que me gustaría probar. Supongamos que aparece un escenario que el grupo considera posible pero muy poco probable.
Preguntamos:
¿Qué probabilidad le darías de ocurrir dentro de tres años?
10 %.
Vale.
¿Y dentro de diez?
Quizá alguien responda 30 %. Otro, 50 %.
No estoy proponiendo convertir la prospectiva en una ciencia estadística. Ese porcentaje no tiene por qué representar una probabilidad calculada rigurosamente. Lo interesante es la conversación que genera.
Porque puede hacer visible que la relación entre posibilidad y probabilidad también depende del horizonte temporal que estamos explorando.
Algo que hoy nos parece remoto puede convertirse, con determinadas condiciones y suficiente tiempo, en un escenario que merece mucha más atención.
Y esto me parece especialmente útil para evitar que descartemos demasiado pronto los futuros que están en los bordes del cono.
Y entonces aparece el futuro preferible
Hasta aquí estamos fundamentalmente explorando. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué parece plausible? ¿Qué vemos como probable?
Pero hay una categoría que, para mí, cambia completamente el tono de la conversación: el futuro preferible o deseable.
Porque ya no estamos preguntándonos únicamente qué podría ocurrir. Estamos preguntando: ¿qué queremos que ocurra?
Y eso introduce intención.

En la mayoría de libros de referencia de Futuros, encuentras la sección donde hablan de qué hacer con los escenarios planteados. ¿Cuál es el impacto que tienen? Una vez identificados, debemos construir un puente entre el futuro relevante y el presente: qué caminos podrían llevarnos hasta allí y qué decisiones deberíamos empezar a tomar.
Especialmente importante también a tener en cuenta, y es algo de lo que me gustaría hablar en futuras publicaciones, es que para legar a ese futuro preferible no tiene que haber un único camino. Igual que hablamos de futuros en plural, hablaremos de caminos en plural.
El futuro preferible, además, no constituye una capa concéntrica más del cono como probable, plausible o posible. Puede encontrarse en cualquiera de esas zonas o compartiendo área con varias de ellas.
Imágenes como estas

Fuente: https://www.futureforwork.com/
Dan a entender que ese futuro preferible es combinación de otros escenarios, pero para dejarlo especialmente claro, me gusta dibujarlo como varios elementos que se conectan entre sí, prevenientes de varias fuentes (en este caso, de varios futuros).

Podemos desear un futuro que ya consideramos probable. O podemos desear uno que hoy consideramos poco probable. Y ahí comienza, para mí, una parte especialmente interesante del Diseño de Futuros: dejar de preguntarnos solamente qué futuro nos va a pasar y empezar a preguntarnos qué capacidad tenemos para influir en él.
¿Y si lo probable no nos gusta?
Supongamos ahora que el equipo identifica un escenario muy probable. Pero nadie quiere vivir allí. Una posibilidad sería resignarnos: pues parece que vamos hacia eso.
Yo preferiría hacer justo lo contrario.
Podemos desear un futuro que ya consideramos probable. O podemos desear uno que hoy consideramos poco probable. Y ahí comienza, para mí, una parte especialmente interesante del Diseño de Futuros: dejar de preguntarnos solamente qué futuro nos va a pasar y empezar a preguntarnos qué capacidad tenemos para influir en él.
¿Y si lo probable no nos gusta?
Supongamos ahora que el equipo identifica un escenario muy probable. Pero nadie quiere vivir allí. Una posibilidad sería resignarnos:
—Pues parece que vamos hacia eso.
Yo preferiría hacer justo lo contrario.
Intentaría que las personas entrasen en ese escenario.
¿Cómo sería trabajar allí?
¿Cómo afectaría a tu día a día?
¿Qué ganarías?
¿Qué perderías?
¿Qué supondría para tus hijos, tus compañeros, tus clientes o los ciudadanos?
Cuanto más personal hacemos un futuro, más fácil resulta dejar de hablar de él como una abstracción.
Y entonces podemos hacer la pregunta realmente importante:
¿Queremos aceptar esa trayectoria o queremos intentar cambiarla?
Aquí encuentro incluso conexiones con la gestión del cambio. Modelos como ADKAR introducen explícitamente el deseo de participar en un cambio. En futuros ocurre algo parecido: imaginar un escenario no basta. Para movilizarnos hacia él necesitamos conectar ese futuro con lo que las personas valoran.

Abrir el cono requiere trabajo
Hay un último problema. Decirle a un grupo “pensad de manera más disruptiva” normalmente no consigue que piense de manera más disruptiva. Hay que ayudar.
Podemos utilizar el horizonte temporal, podemos recordar cambios históricos, podemos introducir señales emergentes, podemos trabajar con dimensiones políticas, económicas, sociales, tecnológicas, medioambientales o legales.
Si esto sigue sin dar frutos, incluso podemos introducir elementos aleatorios que rompan nuestras asociaciones habituales:
¿Qué ocurriría si combinamos este escenario político con esta imagen?

¿Y si esta transformación tecnológica ocurre al mismo tiempo que un cambio social completamente distinto?
La intención no es producir escenarios absurdos porque sí. Es romper nuestro anclaje al presente.
Y después volver a introducir coherencia para aterrizarlo en un escenario futuro con una narrativa. De todas formas, un cambio político afecta a la economía; uno tecnológico modifica comportamientos sociales; una transformación demográfica puede alterar regulación, mercado laboral o servicios públicos.
Quizá el cono sirva precisamente para no tener que acertar. Creo que esa es la idea que más me interesa de esta herramienta.
Cuando trabajamos con futuros no tenemos que defender:
“Esto es lo que va a ocurrir”.
Podemos decir que esto parece probable, o esto resulta plausible o esto, aunque remoto, sigue siendo posible. Y especialmente fijarnos en cosas que no queremos que ocurran (futuros no deseables).
Esa clasificación reduce la presión de acertar, evita descartar demasiado pronto escenarios incómodos y permite que personas con percepciones distintas encuentren un terreno común desde el que conversar.
Porque explorar futuros no consiste en elegir hoy cuál será el correcto. Consiste en ampliar lo que somos capaces de ver para tomar mejores decisiones en el presente.
Y quizá después de mirar todo el cono podamos hacernos la pregunta más importante: ¿hacia qué parte queremos empezar a caminar?
Fuentes y referencias
- Joseph Voros, A Generic Foresight Process Framework (2003). Su versión del Futures Cone adapta trabajos anteriores de Hancock y Bezold y distingue futuros posibles, plausibles, probables y preferibles.
- Phil Balagtas, Making Futures Work. Presenta el Futures Cone de Voros como una forma de mostrar que el futuro no es lineal y que existe un espacio creciente de futuros alternativos.
- Benedikt Groß y Eileen Mandir, Designing Futures: Speculation, Critique, Innovation. Conecta la exploración de futuros distintos con la construcción posterior de estrategias hacia futuros deseables.
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua española: «plausible», «probable» y «posible».

